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RECONOCER LA MÁSCARA

Curaduría por Angelina Guerrero

«Reconocer» es como un espejo que se lee en dos direcciones. En esa doble lectura habita la naturaleza de la máscara: se revela y se desvela, se oculta y se muestra, se protege y se expone. En ella conviven dos fuerzas opuestas, la del disfraz y la del descubrimiento. Esa tensión abre un territorio donde lo que es y lo que aparenta ser se entrelazan.

Esta exposición celebra los diez años de Espacio KB. Para esta ocasión, Angelina Guerrero (curadora y directora de Espacio KB) reunió a diez artistas, un gesto simbólico que dialoga con la historia que el espacio ha venido construyendo.Algunos de los artistas han exhibido en Espacio KB y sostienen con el espacio una relación de afectos y resonancias construida a lo largo del tiempo; otros fueron invitados porque sus prácticas expanden las preguntas sobre identidad, ritual, artificio y metamorfosis.

La diversidad de materialidades: vidrio, cera, fique, yeso, cerámica, madera, palma, tierra, leche, miel, textiles y video, responde a la amplitud conceptual de la máscara como objeto, gesto, interfaz y ficción contemporánea.

El hilo conductor que atraviesa la exposición es una pregunta esencial:  ¿Qué ocurre cuando decidimos no ser reconocibles?

 

En un mundo saturado de imágenes, algoritmos y dispositivos de reconocimiento facial, donde el rostro se convierte en dato, vigilancia o avatar, ser más de un solo rostro es un acto de resistencia. La pluralidad del ser, su tránsito entre personajes y gestos, nos invita a pensarnos como superficies maleables: cuerpos que se narran desde lo indeterminado.

En este contexto, la máscara se convierte en una elección estética y política: decidir cómo ser visto, o no serlo. Distorsionarse, travestirse, ocultarse o encarnar otra figura abre caminos hacia aquello que no es fijo, ni binario, ni clasificable. Con ello, se activan resonancias rituales, míticas, políticas y populares.

Las máscaras pertenecen a una cultura viva. Son umbral entre lo humano y lo animal, entre lo personal y lo colectivo, lo visible y lo oculto. Su potencia radica en abrir un espacio de ambigüedad que desafía categorías dominantes y se alinea con estéticas post-identitarias.

Claude Lévi-Strauss analizó las máscaras como sistemas de transformación social, no solo como objetos estéticos. Lo esencial no es lo que representan, sino las oposiciones que establecen entre sí, porque en esas diferencias es donde emergen las estructuras profundas de una cultura.

Una máscara transforma tanto a quien la usa como a quien la observa. Construye realidad social a la vez que la representa.

En esta exposición, las máscaras, zoomorfas, digitales, rituales, íntimas o tecnológicas, son también el resultado de un presente donde identidad y artificio se mezclan en capas de tiempo, deseo y ficción.

 

 

I am not a robot

Esta afirmación atraviesa la muestra y nos interpela desde nuestra tecno-naturaleza.

¿Podemos hoy distinguir lo que es máscara y lo que no? ¿Las cámaras, algoritmos o sistemas de IA reconocen un “rostro verdadero”? ¿O podemos hackearnos para hacernos invisibles ante las lógicas de control?

“Cubrirse puede ser una forma de decir más. No reconocerse, una forma de cuestionarlo todo”.

La exposición reúne prácticas que entienden la máscara no como un objeto, sino como una forma de ser, un territorio donde lo humano, lo ancestral, lo digital y lo animal se confunden y se transforman.

Santiago Lemus, cercano a Espacio KB por proyectos como Hasta que la sangre sea polen y Los amarillos, presenta Prosopon. La raíz griega de “máscara” y origen de “persona”, para partir de una premisa radical: “no estamos en la tierra, somos la tierra”. En su obra, la genealogía se despliega como capas vivas, como máscaras heredadas de sus madres. Utiliza leche y miel, donde madre e hijo mutan en rostros cambiantes. Las generaciones aparecen como máscaras de la tierra misma: gestos que se repiten y se transforman hasta que la persona se vuelve máscara.

Tras su muestra Museo sin oro en KB, Nor@ Renaud continúa explorando los símbolos del presente. En su obra Glifos de silicio, utiliza iconografías del mundo digital para crear una máscara-colgante que recuerda a los artefactos rituales indígenas. El silicio, materia de la corteza terrestre y base de la tecnología digital, articula una estética híbrida entre lo ancestral y lo cibernético, como si se tratara de un ornamento ritual nacido en la era de Internet.

Miguel Cárdenas participa por primera vez en KB con Ancestro viviente, un tótem-máscara que reúne lo zoomorfo, lo festivo y lo ceremonial. La pieza respira como un organismo que convoca la memoria de los rituales americanos, de los carnavales y de las figuras protectoras. Es un artefacto vivo que se desplaza entre el mito y el presente.

I am not a robot, de Daniel Jiménez, artista que ha exhibido previamente en Espacio KB, traslada al arte un gesto cotidiano: confirmar que somos humanos para acceder a una plataforma digital. Esta acción convertida en máscara, se vuelve un espejo del control algorítmico contemporáneo y deja una pregunta abierta: ¿quién decide hoy qué significa ser humano?

Después de su exposición Rosana Tijeras – Laboratoria Peluquería, Rosana Escobar participa en esta muestra con una obra de 2018. Bisonte, la fibra se convierte en pelaje, cuerpo y textura para dar vida a un animal tejido que encarna la mímesis y el camuflaje. La máscara surge como segunda piel: protección, deseo y comunión con lo natural.

Danielle Kovalski Monsonego, quien expuso en Espacio KB hace varios años, se basa en las máscaras de cera para crear Teatro familiar, una pieza que evoca los rostros de los ancestros custodiados en los atrios domésticos. A su alrededor, marionetas sin rostro reposan en una espera silenciosa, listas para habitar nuevas identidades. Su obra interroga la “personalidad” social: ese personaje que asumimos por deseo, por herencia o por imposición.

Salvador Jiménez-Flóres presenta Kutha / Máscaras, conformada por tres piezas: La Jefa, La Bolsa y Huerca.  Tejidas en palma, la máscara despliega su potencia festiva, ritual y espiritual. Estos objetos elevan la materia a la condición de cosa viva: guardan gesto, memoria y espíritu.

María Roldán Ruiz presenta Se me perdió un ojo, un conjunto de seis cabezas de vidrio construidas a partir de dibujos de sus hijas. Suspendidas en cuerdas de colores, estas figuras oscilan entre el fantasma y el juego, recordando que la máscara también pertenece al territorio de la infancia, donde la imaginación y la ficción moldean el mundo. En su obra aparece una intuición profunda: el cuerpo es visible, el alma no lo es. El alma es material, pero hecha de otra materia, una sustancia sutil que escapa a la vista. Así, la identidad se concibe como una forma de fragilidad, pero también como una fuerza de invención.

Mateo López, invitado por su interés en los procesos de construcción y en el juego con lo cotidiano, presenta Máscara de loro. El tótem, cuyo pico de madera recuerda a un loro o a un cóndor, integra unas gafas de bioseguridad que expanden la noción de máscara, de artefacto y de oficio. Aquí, lo animal y lo técnico, lo artesanal y lo industrial, se encuentran como una interfaz entre mundos.

Camilo Pachón presenta Soy un monstruo, un video construido a partir de collages donde su propio rostro se distorsiona, se oculta y se multiplica mediante máscaras digitales. La pieza se despliega como un carnaval de cuerpos en transformación, un juego sobre la pluralidad del ser. En tiempos de filtros, avatares y redes sociales, Pachón lanza una pregunta inquietante: ¿cómo sabemos que el rostro que mostramos corresponde a nuestra verdadera esencia? Su obra instala una sensibilidad festiva que piensa el disfraz, el ritual, la celebración y el simulacro como formas contemporáneas de identidad.

Es la resonancia en cada una de estas máscaras, la que esta exposición busca hacer audible. Un tránsito entre lo ritual y lo tecnológico, entre lo natural y lo artificial, donde la identidad se vuelve metamorfosis.

Reconocer la máscara es aceptar que detrás de cada rostro habitan muchos otros. Y es solo en la metamorfosis, en la oscilación entre lo visible y lo oculto, que el ser encuentra su verdadera libertad.

 

Curaduría: Angelina Guerrero

Espacio KB

1 nov – 5 dic 2025

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